Madera coloreada

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Buscar un bosque por donde pasear, aclarar pensamientos, tomar decisiones. En mi cultura de ciudad, suponemos al paisaje verde la potestad para transmitir esa calma necesaria que voluntariamente hemos perdido eligiendo vivir en la gran urbe. Pero la naturaleza también se vuelve aburrida, agobiante si su extensión es desproporcionada —pocas quedan ya así—y predecible, salvo por las señales de colores que diferencian algunos árboles. Un código para mí desconocido que me arranca del paseo meditativo para convertirme en un explorador de maderas coloreadas.

Julio de 2014